CUÍDALO. El Chupete. Cómo elegir el adecuado

El uso del chupete proporciona al bebé un placer similar al de mamar, a la vez que lo tranquiliza, le induce el sueño, lo calma y sustituye al pecho. Puede decirse pues, que el chupete proporciona al bebé una sensación de calor y seguridad y satisface su deseo innato de succión. Sin embargo nunca debe ser el método habitual para calmar el llanto del niño.

En cuanto a su seguridad, el chupete debe reunir las normas de la AENOR. Así pues ha de ser de una sola pieza, tener bordes redondeados, tener una anilla o pasador que permita extraerlo de la boca, una tetina menor de 3,3 cm, una base de al menos 4,3 cm con orificios laterales antiahogo y ser flexible. Por otra parte ha de adaptarse a la boca del bebé.

No debe olvidarse que no debe de ser expuesto al sol ni a fuentes de calor (ya que podría estropearse). Es preceptivo esterilizarlo con frecuencia, guardarlo en un envase cuando no se utilice y revisar que la tetina se mantenga en perfecto estado.

Ahora bien su uso, después de los dos y medio o tres años puede dar lugar, por una parte a la deformación del paladar y a la malposición de la futura dentadura (ya que al interponerse entre la dentadura superior y la inferior impide que esta cierre completamente) y por otra a que los bebes sean más propensos a las infecciones de oído porque segregan más saliva.

Durante el primer año el chupete no es perjudicial, sin embargo a partir de los seis meses (momento en que cesa la necesidad de succión) hay que restringir su uso, utilizándolo solo a las horas de sueño y proceder a su retirada cuando el niño esta dormido.

Conviene no untarlo con azúcar, no llevarlo colgado con una cadena o cinta del cuello y proceder a la deshabituación del mismo progresivamente (pero nunca cuando esta pasando por un momento delicado). Hay que tener en cuenta que si se le arrebata el chupete de forma brusca es posible que el bebé recurra a chuparse el dedo.

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