
El típico termómetro de mercurio, utilizado desde hace muchos años, actualmente tiene sus detractores por la toxicidad de tal metal en caso de rotura (sin embargo su exigua cantidad es insuficiente para producir una exposición clinicamente significativa). Tal eventualidad ha hecho que salieran al mercado otros termómetros con diferentes mecanismos para efectuar la medición de la temperatura corporal.
A pesar del posible peligro de intoxicación mercurial que puede presentarse al romperse el típico termómetro de mercurio y a la dificultad que presenta para leer la temperatura final, no es menos cierto que el termómetro de mercurio aún continua teniendo sus adeptos. El mecanismo del mismo se basa en la dilatación del mercurio por el calor y entre sus ventajas hay que señalar que es muy exacto y que su precio no es excesivo. Normalmente se coloca en la axila, aunque también puede colocarse en la boca , ingle o recto durante unos cuatro o cinco minutos. Sin embargo hay que practicar para saber como utilizarlo, pues no es tan fácil de leer como los digitales.
En un principio hay que sostenerlo con la mano derecha y agitarlo (de arriba a abajo) hasta que columna de mercurio marque los 35 grados. Luego para medir la temperatura (al cabo de 4-5 minutos) hay que colocarlo horizontalmente visualizando hasta donde termina tal columna.
Para medir la temperatura axilar del niño, en un principio el termómetro debe limpiarse y vigilar que la columna de mercurio esté por debajo de los 35 grados. Luego se coloca bajo su axila ordenando que mantenga su codo pegado al cuerpo y no se mueva durante unos cuatro minutos. Finalmente para leer la temperatura debe colocarse horizontalmente y buscar la cifra donde termina la columna de mercurio.
Hay que tener presente que la temperatura axilar es medio grado menor que la temperatutra rectal.
Para medir la temperatura oral (en niños mayores de 5 años) hay que colocar la columna de mercurio debajo de la lengua del niño procurando que lo sostenga con sus labios unos 3 minutos aproximadamente sin morderlo ni hablar.
Para medir la temperatura rectal en primer lugar debe lavarse el termómetro con agua y jabón o con alcohol y asegurarse (apitándolo) que marque los 35 grados. Luego una vez lubrificado su extremo (con vaselina por ejemplo) para que sea más fácil su introducción , se separan las nalgas del niño con una mano para visualizar el ano y a continuación se introduce el termómetro unos 2 centímetros con la otra mano. El tiempo suficiente para medir la temperatura ,en este caso, es de unos dos minutos. Es importante que el niño no se mueva durante este lapso de tiempo pues algún movimiento puede expulsar el termómetro. Al sacar el termómetro es preciso limpiarlo y colocarlo de manera que pueda leerse hasta donde ha llegado la columna de mercurio
Hay que tener presente que la temperatura rectal es medio grado superior que la temperatura axilar.
El termómetro digital que actualmente sustituye al de mercurio y que funciona con pilas puede colocarse en la boca, recto, axila o ingle (previa limpieza) unos dos minutos para cumplir su misión. Su ventaja es que es muy exacto avisando mediante un pitido que ha finalizado su medición. A pesar del inconveniente de que es más bien caro, existe cierta tendencia a utilizarlo cada vez más.
Otro termómetro que cumple las funciones de medición de la temperatura es el termómetro ótico el cual funciona con rayos infrarrojos. Aunque tiene a su favor de que es de rápida y fácil lectura (bastan unos segundos) una vez introducido en la oreja, es considerado poco fiable pues mide la temperatura de la piel. Por otra parte su precio es más bien elevado.
Hay que hacer mención, por lo que a termómetros se refiere, a los llamados termómetros termosensibles cuyo mecanismo es el cristal líquido dilatable . Tales medidores de la temperatura corporal se aplican en la frente del niño siendo suficientes entre 15 y 30 segundos completar el resultado. Sin embargo a pesar de su rapidez y de su fácil lectura parece que no son muy precisos.
OBSÉRVALO. Cómo elegir el termómetro adecuado
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