
La postura de los pies y piernas del niño una vez a nacido suele estar determinada por la posición intrauterina durante las ultimas semanas del embarazo.
Durante el primer año o hasta que el niño empieza a dar los primeros pasos lo que se podrían llamar "deformidades" producidas por la posición intrauterina apenas se modifican siendo de los 0 a los 3 años cuando los pies del niño sufren una serie de cambios.
Al principio la planta del pie es plana, ya que el arco plantar todavía no se ha desarrollado. El empeine es alto y los deditos son cortos y gorditos. Es importante pues que el pie del niño sea calzado de forma correcta pues unos zapatos inadecuados pueden provocar malformaciones que después habría que corregir.
El zapato "ideal" es aquel que protege el pie sin deformar la marcha, y que permite las variaciones de volumen que experimentan los pies durante a marcha. Generalmente suele decirse que el zapato ideal es aquel en que el niño está cómodo y le da seguridad y confianza.
Los zapatos, en general, deben ser suaves, ligeros, flexibles como un guante (para adaptarse fácilmente al pie), con tacón para facilitar el juego de la articulación, con sujeción suficiente (pues los zapatos escotados se salen fácilmente), regulables a la anchura (con cordón, correa o cierres) y tener la forma natural del pie sobrepasando unos 6 mm en su anchura y unos 5 a 12,5 mm, (ni mas ni menos) en su longitud (desde el dedo gordo del pié y el extremo del zapato) para permitir asi poder mover los dedos con facilidad.
LOS PRIMEROS ZAPATOS
El niño hasta los 8 primeros meses puede ir descalzo, con unos calcetines que le preserven del frió o unos botitas suaves (con tejidos transpirables y pieles muy flexibles) ya que los zapatos no son indispensables.
De los 8 a los 10 meses empezará a intentar ponerse en pie y gatear habiendo que pensar en unos zapatos ligeros que le protejan y le proporcionen seguridad (de horma recta, piso flexible y plantilla anatomica interior para estimular el arco plantar sin refuerzos internos para dejar que el pie se forme).
A partir de los 10 meses el niño empieza a gatear y por tanto necesita el cuidado de sus deditos que sufren el roce y los golpes (zapatos con refuerzo en la puntera, plantilla anatómica y piso antideslizante prolongado hasta el talón).
Entre los 11 y los 14 meses el niño empezará a dar sus primeros pasos y sus pies tendrán que soportar el peso de su cuerpo. Es a partir de este momento que llega la hora de elegir cuidadosamente el calzado, el cual es indispensable sean de un corte adecuado que le permita mover el tobillo y los dedos, pues de lo contrario pueden estropearse unos pies que han nacido sanos al adoptar posturas forzadas por la sobrecarga a que estaran sometidos.
El objetivo del niño que empieza a andar es mantener el equilibrio por esta razón anda con los pies separados apuntando hacia fuera. Se da el caso que el niño no siempre se quejará si los zapatos le aprietan (solo protestará descalzadose continuamente).
Así pues al calzar a un niño ha de tenerse en cuenta el talón, la longitud del pie y su parte más ancha. Se calcula que el pie infantil crece unos 3 cm al año (7-8 m cada mes).
El pie del niño se diferencia del pie del adulto por ser rollizo y blando y su arco menos rígido y cargado de grasa (lo que le confiere un aspecto de pie plano). No hay que olvidar que los huesos e este estadio de su vida no están del todo desarrollados y que algunos de ellos son aun cartilaginosos. Esta falta de consistencia hace que el pie sea más vulnerable a la presión de un calzado inadecuado durante los primeros años de vida.
El zapato más idóneo es aquel que protege el pie sin deformar la marcha, a la vez facilita el paso y permite las variaciones de volumen que experimenta el pie durante la marcha. Es decir el que se adapta a los movimientos de los dedos y despegue del pie del suelo, el de torsión, el del arco plantar y el del tobillo.
Es pues importante comparar las medidas de longitud y anchura de los pies con los del zapato o botas (sobrepasándolos en longitud y anchura (6 mm y 12 mm respectivamente).
A esta edad se recomienda una entresuela fina (menos de 5 mm.) y un refuerzo en la punta. La parte superior (horma) debe ser de piel natural que favorezca la correcta transpiración y la suela de cuero (con caucho antideslizante). Su interior ha de carecer de costuras). El tacón ha de ser recto y la suela ha de tener un máximo de 15 mm. de espesor. Los refuerzos laterales y posteriores evitan que el pie se ladee en cualquier sentido. La plantilla anatómica permite que el pie adopte la postura correcta favoreciendo la formación del arco plantar. La atadura es indiferente mientras el zapato quede bien sujeto (parece que los cordones permiten abrir más el calzado). La lengüeta debe ser acolchada y suave para no irritar el empeine.
A esta edad hay que tener en cuenta que pueden utilizarse sandalias, zapatillas de lona, deportivas playeras etc. No se recomienda que los niños lleven mocasines, manoletinas y chancletas. Los deportivos de lona son flexibles y cómodos para el verano (sin embargo al ser cerrados favorecen la sudoración) El plástico esta desaconsejado porque impide la traspiración. Es conveniente no comprar los zapatos sin probarlos previamente. Las botas sujetan mejor el tobillo que los zapatos.
CUÍDALO. Los primeros zapatos. Cómo elegirlos
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